
Algorta y Punto
La web donde los algorteños encuentran su información
Un mercadillo con mucho glamour
Los 128 puestos que componen el recinto reciben todos los miércoles y sábados a clientes de todo tipo
“Si por comprar un paraguas de 2 euros se va a dañar usted el cerebro, prefiero que no me lo compre y que se mire la cabeza”. “La bota niña, la bota a dos euros”, “mirar joyas niñas, no pasar de largo”… Estas son unas de tantas frases que se oyen en el mercadillo de los gitanos de Algorta. En la calle Kasune, dentro de un callejón, se ve todo tipo de gente que entra y sale de ese garito lleno de zapatillas, cosméticos, ropa, cazuelas, cubertería, perfumería, ropa interior, bisutería, bolsos y más… todo ello organizado en un desorden ordenado, y parece que la crisis aquí no ha hecho mella.
No tiene nada que ver, aparentemente, la imagen que se tiene de Getxo con el mercadillo. Fundado hace 30 años y con 128 puestos hoy día, el mercadillo de los gitanos ya es un sitio típico que conoce todo getxotarra, y ahora, más que un lugar donde se va a comprar por necesidad, es un terreno donde se va a comprar por cultura.
Abre los miércoles y los sábados con un horario de 8:00 a 15:00. Obviamente los sábados es cuando más gente hay. Manolo, encargado de uno de los puestos, dice que hay aforo, pero nosotros no lo notamos precisamente; gente por todas partes, señoras, señores, niños y adolescentes pululaban por allí agarrando la mejor oferta, la mejor ganga y contagiándose de la emoción que transmiten estos tenderos tan bien formados.
Uno de los más de 128 tenderos del lugar, Pedro Cortés, contó que la clientela de la margen derecha se diferencia de la de la izquierda. Afirma que se gasta más dinero aquí que, por ejemplo, en Bolueta o Santurce. Lo dice alguien de primera mano, cuyo negocio en el mercadillo de los gitanos es familiar y lleva desde los inicios atendiendo a sus clientes mayoritariamente getxotarras.
Hablamos de crisis
Los tres coinciden en que se ha notado, y mucho. Antonio Jiménez dijo: “desde que ha empezado la crisis esto no es lo que era. Antes no tenía tiempo de sentarme y ponerme a mirar cómo pasan las clientas de largo sin siquiera mirar mi puesto, y ahora hay veces que hasta me puedo ir a fumar un cigarrillo dejando el sitio sin problema de conciencia”.
Los clientes no están tan familiarizados con este hecho. Únicamente Manuela C.H., compradora habitual del lugar está de acuerdo con los tenderos en que la crisis ha contribuido al desplome de la venta local. En cambio, María José Zamora confirmó: “No he notado mucho cambio. Pienso que la gente busca calidad, aquí puedes comprar cosas como bolsos, calcetines, ropa interior, pijamas… todas ese tipo de cosas están muy bien de precio. Puedes comprarlo estupendamente sin notar la crisis de por medio”.
Y hablando del ambiente… antiguamente las instalaciones eran un obstáculo para ir a comprar al lugar, o así lo dice María Teresa García Oviedo: “el ambiente ha mejorado bastante desde que hicieron la reforma del suelo, las luces, el aire acondicionado. Ya no es tan mercadillo como era antes. Antes era “qué calor puede hacer en el mercadillo… No sé si ir…”, en cambio ya no se piensa, y eso ha sido una buena iniciativa de la cooperación de comerciantes”.
Por tanto, el mercadillo de Algorta lleva años ofreciendo los servicios a sus clientes… nunca ha fallado, y los clientes nunca le han fallado a él. Las ofertas, los gritos, el desorden ordenado, los colores de las telas y manteles, las zapatillas aterciopeladas, las de deporte, las clientas de clase media alta y los no tan de media alta y los gitanos del recinto han superado la crisis con apenas unas rozaduras… esto quiere decir que el mercadillo seguirá formando parte de la cultura getxotarra. Un mercadillo con mucho glamour donde uno podrá seguir preguntándose: “¿Qué hace una pija como tú en un sitio como este?”. Todo un alivio.

Los getxotarras saben a lo que van, o por lo menos así lo demuestra María Teresa García Oviedo, una clienta habitual del mercadillo: “compro prácticamente de todo lo que tienen, excepto los zapatos de plástico que no me gustan. Siempre voy buscando cosas que sean de piel, y al ser posible fibras naturales”.
Uno podría preguntarse: “¿pero no dicen que la margen derecha es un lugar de pijos? ¿Qué hace ahí un mercadillo?”. Pues sí que es cierto que resulta llamativo ver a señoras vestidas de punta en blanco comprarse unas zapatillas de andar por casa por 3 euros, pero bien lo dice otra clienta habitual, María José Zamora: “aquí se viene a comprar cosas de temporada, y la calidad es bastante buena. Suelo comprar bolsas, ropa interior, alguna camisa…”. Eso sí, si está buscando ropa para llevar habitualmente, María José Zamora ya recurre a marcas reconocidas.

El público suele estar compuesto por señoras de clase media alta y con una edad de 60 para arriba, o así lo contó otra tendera, Leire Plaza, que también posee un negocio familiar, sin embargo, hay mayor diferencia con otros mercadillos a los que atiende: “voy a Rekalde y la clientela es de 60 para arriba y de clase muy obrera. Aquí hay un poco más de variedad que en otros sitios, pero en cuanto a la edad… se podría decir que todas las señoras rondan los 60 o más”. Por eso llama la atención ver a un hombre en sus cuarenta como Juan Carlos Pérez rondar el lugar. Eso sí, tiene excusa: “he venido a acompañar a mi mujer. La verdad es que no soporto este ambiente lleno de gente, pero oye… de vez en cuando hay que decir que sí”.
¿Y qué es lo que más se vende? Pedro Cortes, Leire Plaza, y ahora Antonio Jiménez, otro tendero con negocio familiar, coinciden en una cosa: zapatos. Este dato sitúa a las medias y la ropa en segundo puesto. Eso sí, puede que estos sean los productos que más se venden, sin embargo, la crisis no les ha dejado indiferentes.
Pasillo del Mercadillo de Algorta. Foto propia Algotaypunto
Puesto de ropa interior del Mercadillo de Algorta.Foto propia Algortaypunto